Sabemos que como hijos de Dios somos herederos de las promesas plasmadas en la Escritura; sin embargo, muchas veces las circunstancias de la vida hacen que vivamos como si no las conociésemos. A menudo escuchamos que Canaán representa la herencia de Dios dada al creyente y tomada en posesión por fe. La vida cristiana victoriosa es de batallas y bendiciones, pero se ha vuelto común estar a “mitad del camino” en la vida espiritual. Si realmente queremos posesionarnos del pacto tenemos que cambiar de actitud, tenemos que ser intencionales para “hacer que las cosas sucedan” y esto solo se va a lograr a través de enseñarles la Palabra de Dios a nuestros hijos porque es la herencia que vamos a dejarles.
Para posesionarnos del pacto que Dios ha dejado para nosotros, para nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos es importante que consideremos los siguientes aspectos:
- Primeramente necesitamos tener FE PARA CREER Y PACIENCIA PARA ESPERAR:
En cuanto a la fe Hebreos 6:11-12 dice: “Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas”. (Biblia versión Reina-Valera 1960, énfasis añadido)
Marcos 9:23 dice: “…si puedes creer, al que cree todo le es posible.” (Biblia versión Reina-Valera 1960, énfasis añadido)
Y en cuanto a la paciencia Hebreos 10:35-33 dice: “No perdáis, pues vuestra confianza, que tiene gran galardón; porque os es necesaria la paciencia para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis las promesa”. (Biblia versión Reina-Valera 1960, énfasis añadido)
Por lo tanto, la fe es necesaria porque sin fe es imposible agradar a Dios y la paciencia nos ayuda a que la fe se mantenga viva, a no desmayar y saber esperar el tiempo de Dios, sabiendo con certeza que Dios cumple sus promesas.
2. Tenemos la responsabilidad de ENSEÑAR E INSTRUIR:
La enseñanza es fundamental para sembrar en el corazón de los nuestros las verdades que, como hijos de pacto, nos pertenecen. Esta enseñanza debe ser constante, todo el tiempo, sin desmayar; aún cuando pareciera que no hay una buena recepción o que no se ven los frutos, tenemos la responsabilidad de perseverar; tenemos que trabajar la salvación de nuestro linaje, sabiendo que a su tiempo segaremos.
Por otra parte, es importante que seamos personas de “buen testimonio” para que haya credibilidad en lo que enseñamos y tengamos la solvencia suficiente para exigir a nuestros hijos lo que estamos enseñando.
3. Necesitamos ser FIRMES EN LO QUE CREEMOS Y EN LAS DECISIONES QUE TOMAMOS:
Deuteronomio 30: 19-20 dice: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es la vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar.” (Biblia versión Reina-Valera 1960, énfasis añadido)
Job 22:28 dice: “Determinarás así mismo una cosa, y te será firme, y sobre tus caminos resplandecerá la luz”. (Biblia versión Reina-Valera 1960, énfasis añadido)
Como podemos ver tenemos la responsabilidad de ser firmes y tomar decisiones correctas siempre con la mirada fija en lo que el Señor espera de nosotros. Cuando leemos en Josué 24:15 “Yo y mi casa serviremos a Jehová” (Biblia versión Reina-Valera 1960, énfasis añadido) y vemos que nuestra familia o parte de ella, aún no muestran intención de cambio, pensamos que para ganarnos su confianza podemos “agradarlos de una u otra forma” siendo tolerantes de actitudes negativas o dejando de ser firmes en la forma de guiar nuestro hogar y esto definitivamente traerá consecuencias negativas para nuestra familia.
Es importante que tomemos en cuenta lo que significa tener un pacto con Cristo, somos la “Esposa” del Señor y esto demanda que seamos fieles a ese “contrato” como en el matrimonio. Este pacto es permanente, aquí no cabe la palabra “divorcio” porque está proyectado para la eternidad y cuando estemos en las bodas del Cordero delante de nuestro Señor seremos declarados coherederos juntamente con Él que es nuestro esposo.
¡Trabajemos pues, sin cesar, para posesionarnos de este pacto juntamente con nuestra familia!
Hna. Lety de Fonseca / Editora